
Un día al pasar
por el grán jardin del edén
miré una linda flor.
Cada día que pasaba
no podía dejar de ver
aquella flor
que con sus lindos colores
y la alegria que reflejaba
llamaba mi atención.
Un dia pensé
que eras la indicada
en adornar con tu belleza
la tristeza de mi casa.
Te traje conmigo.
Te coloque en el lugar
digno que te merecias.
Jure cuidarte hasta el último
día de mi vida.
De sol a sol velar por ti,
y darte todo lo que,
una flor como tu se merece
de un humilde como yo.
Hoy
Tus petalos ya no tienen los colores brillantes
y tu frescura se ha ido deteriorando
pero tal y como lo juré
hace 50 años
sigues siendo mi flor adorada
como desde el primer dia que te vi.
Ante mis ojos
sigues y seguirás siendo
esa hermosa flor
que escojí para eliminar
la tristeza de mi casa,
la que dejo de existir
en el momento
que entraste en ella.




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